PRCC_02 Nuevos Usos

Como recuerdan las Cartas de Restauración, pero también como sugiere el sentido común, un correcto destino de uso en un edificio histórico no puede sino favorecer la buena conservación. Esta premisa, es necesario recordar ya que los estudiantes, como sucede en la realidad, están habituados a considerar el destino de uso una “finalidad” de la intervención de restauración; lo que viene a decir que aquello constituye un punto de partida proyectual en que adaptar, no se sabe bien a priori con cuanto sacrificio, el edificio preexistente. Ello es legitimo en el caso de intervenciones de recuperación no conservativa (definidos por “rehabilitación”, “reuso” o de “reciclaje”, etc…) que afectan a edilicia no de carácter histórico, donde es licito realizar transformaciones incluso considerables en base al destino de uso elegido[1]. Pero esto es ilegitimo si se trata de intervenciones de restauración referidos al patrimonio edilicio que revista interés cultural. El elemento de discriminación reside en el hecho que no podrá ser nunca que el edificio se pliegue a las nuevas exigencias de uso, sino exactamente a la inversa: deberán ser los nuevos destinos de uso los que se midan con la “compatibilidad” del edificio, sean ellos matérico-estructurales, distributivos o figurativos.

El alumno proyectista deberá atentamente valorar, antes de proponer un destino de uso, aquel que puede ser definido el índice de “vocación de uso” del edificio. El procedimiento analítico pasa a través de un conocimiento critico-valorativo de cada ambiente singular, imponiendo los límites de la intervenciones posibles.

  • Ambiente de particular interés arquitectónico donde no son consentidos intervenciones de reestructuración y/o subdivisión, que necesita de intervenciones, de bajo impacto de instalaciones, de carácter exquisitamente conservativo tendentes al mantenimiento de la actual configuración: a) con limitaciones de utilización, b) sin particulares limitaciones de utilización.
  • Ambiente de particular interés arquitectónico que ha sufrido falta de mantenimiento y necesidad de intervenciones de restauración al fin de constituir los caracteres identificatorios esenciales, incluso en clave moderna: a) con limitaciones de utilización, b) sin particulares limitaciones de utilización.
  • Ambiente de interés arquitectónico donde son consentidas modestas intervenciones de reestructuración y/o subdivisión, caracterizadas por un alto nivel de reversibilidad y de un bajo impacto de las instalaciones: a) con limitaciones de utilización, b) sin particulares limitaciones de utilización.
  • Ambiente de modesto interés arquitectónico donde son consentidas eventuales intervenciones de reestructuración y/o subdivisión: a) con limitaciones de utilización, b) sin particulares limitaciones de utilización.
  • Ambiente que ha sufrido pesadas modificaciones y alteraciones tales de dar por perdidas completamente sus connotaciones originarias donde es posible intervenir con un grado de libertad mayor con obras declaradamente modernas en vista a su reutilización (posible ubicación de vanos para escaleras, de vanos para ascensores, de huecos técnicos, de servicios higiénicos, etc...)
  • Cuerpos de fábrica o construcciones de reciente realización para los cuales no está prevista la demolición, que necesitan de una recualificación arquitectónica en previsión de su utilización sin ningún tipo de limitación.
  • Cuerpos de fábrica o construcciones de reciente realización a demoler en cuanto a su absoluto contraste con las características del complejo arquitectónico.

 

La práctica de la reestructuración

Las actuales exigencias de vida en los edificios históricos se contrastan con las tipologías edilicias existentes en nuestros centros históricos. La mayoría de las veces la realización de nuevas instalaciones indispensables a nuevas exigencias de vida y uso tal como viene entendida  en nuestra cultura urbana exige que las modificaciones y adaptaciones de estos edificios se realice con el diseño y cuidado exigido al arquitecto que trabaja sobres el patrimonio arquitectónico. Por otra parte la realidad y complejidad de las instalaciones actuales permiten que  hoy este tema adquiera una dimensión nueva en cuanto a la posibilidad de incorporarse como partes nuevas y diferenciadas con el respeto a las preexistencias existentes[2].

Esta realidad puede ser ulteriormente agravada por el hecho de que las intervenciones sobre singulares unidades habitativas, desde edificios singulares a una arquitectura menor, en ambos casos con exigencias diversas de uso, que pueden ser verificadas (o verificarse) en tiempos diversos y de manera no coordinada.

Es tarea fundamental del proyectista identificar y acertar en las variaciones que pueden ser acometidas en los edificios para adecuarlos a aquellas que son los requerimientos  del promotor y ello con el fin de poder valorar un efectivo nivel de seguridad actual y la eventual posibilidad de ulteriores modificaciones.

 

Desde la Carta de Amsterdam, coincidente con la también llamada  Carta Europea de la Restauración (Amsterdam, 1975) establece el concepto de Restauración integral e intervención mínima, que se han profundizado para el patrimonio arquitectónico y las actuaciones en los centros históricos con otros documentos como la “Declaración de Bolonia”, las Cartas de Granada, Toledo, Washington y Machu Pichu, de Florencia, de Canberra, de Malta, y otras, que tratan de erradicar todos los criterios de intervención según las coyunturas a favor de los de estricta conservación.

Con la publicación de la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico los gobiernos empiezan a demostrar un interés en preservar los centros históricos, entendidos desde los monumentos aislados a los conjuntos y barrios históricos.


[1] Cfr. CANTACUZINO, Sherban, Nuevos usos para edificios antiguos, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1979. Cantacuzino se lamenta de que los arquitectos de prestigio a excepción de Giancarlo de Carlo no se hagan cargo de realizar rehabilitaciones en centros históricos ya que se trata de un “trabajo creativo además de minucioso.” Esta situación ha cambiado radicalmente en la última década. A medida que los países incrementan de manera exponencial los edificios catalogados por considerarlos de valor patrimonial, como vimos en el capítulo anterior los arquitectos de mayor renombre han ido asumiendo estos trabajos, muchas veces como producto de concursos internacionales.

[2] La reciente aparición en España del Código Técnico de la Edificación (CTE) condiciona fuertemente las intervenciones en los edificios patrimoniales, haciéndose preciso una documentación complementaria que facilite la interpretación y las pautas necesarias para hacer operativas los diversos tipos de actuación que requieren dichos edificios. Las Recomendaciones para el análisis, conservación y restauración estructural del patrimonio arquitectónico elaborado por el ICOMOS y con amplio reconocimiento a nivel mundial, constituye una excelente referencia para este cometido.

 

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